Después de la llegada de los “rezagados”, el sacerdocio se dividió en dos facciones. En vez de prestarle oídos al Plan concebido por la Jerarquía, una sección del sacerdocio intentó expulsar a los “rezagados” de la Tierra mediante repetidas Invocaciones. Un Maestro Ascendido explicó la insensatez de esta operación. Aún si el intento hubiera tenido éxito, los “rezagados”, atados a las leyes de la Tierra al igual que las razas originales, hubieran tenido que presentarse ante el Tribunal Kármico, y hubieran tenido que volver a entrar a la Tierra. Por lo tanto, ninguna expulsión permanente hubiese sido posible. La otra facción del sacerdocio aceptó a los “rezagados, rehusando rebelarse contra el Plan de la Jerarquía.
La “Caída del Hombre” a un nivel inferior de vibración causó grandes cambios en su estructura corporal. La forma o cuerpo físico se hizo más densa, y la procreación mediante los Rayos de Luz anterior, llegó a su final. Igualmente la “Presencia YO SOY”, su foco de Luz y Vida en el centro del corazón, comenzó a decrecer en tamaño e influencia. Por primera vez, el MIEDO se registró en el cuerpo etérico, y nació el alma. Puede llamársele “alma” a los registros acumulados, resultantes del uso experimental de la Vida. Esta alma, morando en el cuerpo etérico, influenció más adelante a cada personalidad en las encarnaciones sucesivas.
El alma tiene que ser redimida mediante energía cualificada constructivamente, hasta que no haya dos por más tiempo -el alma y la Conciencia Divina-, sino más bien, únicamente Dios. La necesidad de la hora es readquirir esta Conciencia Divina. Es la “Segunda Venida del Cristo”.
La densidad cada vez mayor del cuerpo físico obligó a hacer cambios en la forma corporal de los seres humanos, y por primera vez experimentaron el modo actual de procrear y nacer.
Una vez que el velo alcanzó su efecto total, eclipsó por completo la presencia visible de los Seres Divinos; igualmente, la Música de las Esferas no pudo oírse más. La conciencia externa quedó sumergida en la confusión, andando a tientas en la oscuridad.
A partir de la “Caída”, lograron la Ascensión muy pocos individuos. Casi todos, debido a la mala utilización de la energía, adquirieron karma; y de este modo, quedaron atados a la rueda de la muerte y el renacimiento.
Después de la “Caída del Hombre”, algunos de los Espíritus Guardianes permanecieron en sus Cuerpos de Luz, eligiendo no asumir los cuerpos humanos recién creados. Entre ellos estaban Kwan Yin y el Gran Director Divino. Ellos solicitaron la Ascensión, y les fue concedida.
Sin embargo, algunos de los Guardianes eligieron ponerse las nuevas vestiduras de carne, esperando mantener así una conexión a través del velo con los Espíritus Guardianes Ascendidos. De este modo ocurrió la primera partida de estos individuos altruistas, con sólo la intuición y el sentimiento del corazón dándoles un indicio de la conexión anterior.
Al paso de los siglos, los Espíritus Guardianes no ascendidos también se enredaron en su karma, olvidando su origen y fuente, atándose a sí mismos de ese modo a la rueda de la muerte y el nacimiento. Kwan Yin le dijo a los estudiantes que fue el gran sacrificio de los Espíritus Guardianes lo que hizo que los Maestros Ascendidos presten una atención especial a la Tierra; y también ha justificado la ilimitada paciencia para con el resto de la humanidad.
Antes de la “Caída” existía únicamente un Consejo Liberador, que consistía de tres miembros. No había discordia, por lo que no había necesidad de juicio.
Después de la “Caída”, el Consejo Liberador fue reemplazado por el Tribunal Kármico, que consistía de siete miembros (uno por cada Rayo). El propósito del Tribunal Kármico es el siguiente:
1.- Mostrarle a las corrientes de vida individuales lo que hicieron bien y mal durante la última encarnación.
2.- Enviar a estas corrientes de vida individuales a salones de clases (o templos), donde pudieran recibir instrucción graduada de acuerdo a su desarrollo espiritual.
3.- Velar porque los individuos tengan la oportunidad de reencarnar, y ponerlos en situaciones en las que tengan la oportunidad de redimir el mal cometido durante la última encarnación.
4.- Presidir los Consejos de la Jerarquía, y otorgar o no las peticiones que le hagan los Maestros Ascendidos y la humanidad no ascendida.
Las decisiones del Tribunal Kármico son finales; no existe proceso alguno de petición.
Antes de la “Caída”, el pigmento de la superficie de la Tierra tenía color de alabastro. Después de la “Caída”, el pigmento comenzó a cambiar, y aparecieron los grises y marrones. Tardó mucho tiempo antes de que aparecieran el negro y el rojo (rojo subido); no fue sino hasta hace ochenta mil años que estos colores se manifestaron. (Ninguno de ellos es bueno para el ser humano, ni para nada en el planeta. Desafortunadamente, la humanidad ignora hasta que punto le hacen daño.) Después de la “Caída”, fue necesario ajustar de tiempo en tiempo la fuerza centrípeta que crea la ley de la gravedad (que mantiene a la superficie de la tierra y a la gente sobre el planeta), en proporción a la densidad de los cuerpos físicos de la humanidad. (La fuerza centrípeta en movimiento curvilíneo es la fuerza que tiende a tirar de un objeto que rota alrededor de un centro, hacia ese centro: es lo opuesto a la fuerza centrífuga).
En algunas instancias, la discordia de la humanidad creó tanta desarmonía que el Reino de la Naturaleza rehusó seguir haciendo su papel de adornar la Tierra con vegetación. Como resultado de de esto, aparecieron los primeros páramos y desiertos. Algunos de los actuales conservacionistas de suelos y ambientes son personas que, mediante la misericordia del Tribunal Kármico, han sido colocados en esas posiciones para que puedan restituir sus pasados errores, que provocaron la ira de la naturaleza.
La energía mal cualificada del ser humano produjo cinturones de gas, cámaras subterráneas de presión, que bajo ciertas condiciones, causan los terremotos y actividades volcánicas. Más tarde, los cinturones de gas fueron responsables del hundimiento de esa parte de Mu (o Lemuria) que estaba situada donde está ahora el Océano Pacífico.
Durante las primeras dos Eras Doradas, no había animales como los conocemos ahora, ni tampoco creaciones malignas. Todas las formas elementales eran bellas, e individualmente delineaban o mostraban la Perfección de Dios. Los Reinos Angélico, Dévico (la Naturaleza) y elemental habían precedido a la humanidad a fin de preparar un lugar bello en el cual ésta pudiera desarrollarse. Los elementales estaban destinados a acompañar al ser humano, a servirlo y a serle obedientes a través de su peregrinaje en la Tierra.
Hubo una época en que el repelente pulpo de la actualidad era un bello sol dorado en miniatura. Donde ahora tiene tentáculos, había entonces rayos de luz iridiscente que se vertían en el elemento agua. La ostra y la almeja de hoy eran entonces bellas formas de hadas.
La ostra y la almeja crearon una concha; y el rinoceronte, el búfalo y el elefante, una vez bellos, desarrollaron una piel áspera y gruesa o pelo, a modo de protección, como un mecanismo de defensa contra las corrientes maléficas en la atmósfera de la Tierra. Los cuernos, las pezuñas y las escamas caen bajo la misma categoría. La era de los dinosaurios fue el punto más oscuro de la historia de la Tierra. Los mamíferos prehistóricos y los simios fueron creaciones malvadas causadas por el mal uso de la energía del ser humano.
Los animales tienen centros ganglionares y cuerpos emocionales, no así las plantas. Es la Energía de Vida lo que palpita en el corazón de los animales, no la Llama individualizada de Dios -como es el caso de los seres humanos-. Dentro del corazón de estos elementales aprisionados, está el patrón que una vez mostraron, y que habrán de mostrar una vez más en el futuro.
Los efectos sobre el Reino de la naturaleza fueron similares. La vida vegetal desarrolló la maleza, las espinas, el veneno y la corteza pesada.
Sólo hay un camino hacia la Liberación de toda vida, y es mediante el Amor. El Amor es la esencia primigenia, t el desarrollo de esta cualidad en la conciencia individual es el único medio por el que puede liberarse a cualquier expresión de Vida.
Grandes hombres y mujeres, tales como el ahora Maestro Ascendido Kuthumi en su encarnación como San Francisco de Asís, han liberado a cientos de miles de animales a base de Amor. Mediante el Amor y la asociación, sus conciencias fueron elevadas al punto en que no tuvieron que regresar más a la forma animal. Algunas corrientes de vida se ofrecen voluntariamente, antes de entrar a una encarnación en particular, para ayudar al Reino Elemental. De este modo, pueden transmutar alguna actuación incorrecta de una encarnación anterior.
El que una persona tenga o no una mascota en su hogar, es decisión suya. Cualquier proximidad a un animal -como también es el caso con otra persona- podrá tener un efecto adverso sobre el aura. Sin embargo, debe considerarse también que el Estudiante de la Luz, mediante la fuerza de su propia esfera de influencia, tiene la capacidad de convertirse en la “levadura del pan” para una inteligencia inferior. La clave para la relación con los animales debe ser EQUILIBRIO. No hay razón para ser extremado en los sentimientos propios con relación a estas criaturas. Lo que se requiere es un ‘camino del medio’ estable, envolviendo con pensamiento y sentimiento a todas las expresiones de vida presentes en la Tierra, con Tolerancia, paciencia, y Amor, elevando de este modo esta vida inocente a su anterior estado de Liberación y Perfección.
Durante las primeras dos Eras Doradas, había Perfección absoluta. Existían las actividades de enseñanza y aprendizaje, pero nadie necesitaba asistencia para “ser salvado”.
El primer Cristo fue provisto para la humanidad cuando el ser humano eligió por primera vez ser consciente de los sentidos en lugar de ser consciente de Dios. La humanidad dirigió su atención hacia los placeres y dolores de los cinco sentidos y, así, manifestó aquello sobre lo que puso su atención y en lo que más ocupaba su mente.
Desde aquel entones, han venido a la Tierra, a intervalos regulares cuarenta y nueve Salvadores Mundiales. El Primer Cristo fue Krishna, que trajo a la Tierra la Llama de la Resurrección como un medio de restaurar la Divinidad a los hijos caídos de Dios -en caso de que estos desearan regresar a su estado Divino natural-. La humanidad, el Reino de la Naturaleza y la vida elemental requerían esta Llama para reconstruir toda forma imperfecta creada por pensamientos y sentimientos imperfectos. La Llama de la Resurrección contiene el Poder Resucitador sin el cual el ser humano no puede entrar a su Estado Crístico.
Krishna vino desde el Sol Central. En aquel entonces, no fue posible atraer a las corrientes de vida de la Tierra, porque todavía eran niños en cuanto a su desarrollo espiritual, y porque casi todos “ya habían comido de la fruta prohibida”. Del pequeño grupo que había mantenido una conciencia pura, más tarde se desarrollaron otros Cristos -como fueron Gautama Buda y Jesús-.
Hubo varios Krishnas. El primer Krishna les enseñó a sus discípulos que “El Servicio es la Ley de la Vida”. Explicó que un individuo debería aceptar la responsabilidad de devolver al universo una compensación por el privilegio de atraer el aliento, de utilizar la vida y sostener una existencia individual y separada.
Krishna hizo énfasis en que ese servicio debería ser impersonal. Por amor al Amor, y sin ningún pensamiento de remuneración.
Como ejemplo de servicio impersonal, Krishna señaló al sol, afirmando: «La paz viene únicamente cuando, se esfuercen al máximo de sus habilidades, por servir a la causa del bien, y cuando no se ocupan de ninguna actividad externa en reacción a sus efectos sobre el servicio que prestan».
Puede prestarse servicio en términos de servir a una comunicación, a una nación o al prójimo. Los individuos que no eligen servir son retirados de la carrera temporalmente, hasta que vuelvan a aceptar la responsabilidad de ser sirvientes conscientes.
Algunas de las enseñanzas de Krishna fueron preservadas por sus discípulos, quienes las escribieron en rollos de lino que fueron entonces revestidos con una cera suave. El lino fue enrollado en carretes de bambú, en ocasiones extendiéndose el documento varios cientos de metros. A través de estos documentos, Krishna dejó una herencia sobre la que se basan todos los Vedas y la mayoría de los escritos más antiguos de la humanidad. Estos documentos sobrevivieron cataclismo tras cataclismo, y fueron transportados por los sabios de un punto a otro de la Tierra.
Krishna habitó en la Tierra durante al menos seiscientos cuarenta años. Cuando hubo completado Su servicio, y regresó a Su estrella, se llevó Consigo mil cuatrocientos discípulos, que a través de Su servicio, lograron la Ascensión.