Desde el 12.000 a.C. al 10.000 a.C., existía una civilización en Sudamérica que alcanzó una gran altura de logro. Coexistió con la civilización de Poseidón, el último vestigio del gran continente de la Atlántida, y era hija de la cultura y logro Atlantes.
En aquella época, a Sudamérica se le llamaba “Merú” -en honor al Dios Merú, que es el Manú de la Sexta Raza-Raíz, y cuyo Retiro se encuentra cerca del lago Titicaca.
La civilización se centraba a lo largo de los ríos Amazonas, Madeira y Jurua, y se extendía en una dirección este-oeste desde el delta del Amazonas hasta una longitud de setenta grados oeste, en la frontera oriental del Perú y Colombia.
El nombre “Amazona” significa “destructor de botes”, refiriéndose al cataclismo que ocurrió aproximadamente en los años 10.000 a.C., el cual dañó seriamente a Sudamérica y hundió a Poseidón. En aquel entonces el río era navegable, extendiéndose desde el Lago Titicaca hasta el Océano Atlántico. Se construyó un canal desde el Océano Pacífico hasta el Lago Titicaca. Esta conexión, junto con el Amazonas, formaba un canal entre los dos océanos. El río era mucho más profundo entonces que es ahora.
Cerca de la desembocadura del Amazonas, había bellas y amplias cascadas. Entre las cascadas y la costa, originalmente, como a quince kilómetros del río, existía una ciudad importante. Fue sumergida durante el cataclismo que destruyó a la Civilización de Merú. La ciudad reposa ahora a veinte metros bajo la superficie de la tierra.
La desembocadura del Amazonas se amplió muchos kilómetros durante el cataclismo que ocurrió hace doce mil años. Un obelisco de metal imperecedero, cubierto con jeroglíficos de una era anterior, marcaba el punto más alto de la ciudad. Originalmente, el obelisco medía veinte metros de alto.
La capital del impero, que también era su centro religioso, estaba situada cerca del río Madeira. La segunda ciudad en importancia estaba situada cerca del río Jurua. Era un centro comercial, y muchos edificios gubernamentales estaban localizados allí. También era el centro de la industria de joyas. Allí se cortaban y pulían muchas piedras preciosas. Como resultado del cataclismo esta ciudad sufrió el mismo destino que la ciudad cerca de la desembocadura del Amazonas.
La capital estaba dispuesta en una serie de círculos concéntricos, y el más interno de todos medía siete kilómetros de diámetro. En el área de este círculo interno estaban los edificios ejecutivos del imperio. Las calles comerciales salían de este círculo como rayos de una rueda de bicicleta. Todas las calles comerciales estaban pavimentadas y construidas de cuarenta y cinco a sesenta centímetros por debajo del terreno circundante, para poder ser inundadas cada mañana y lavadas totalmente antes de comenzar las actividades del día.
A cinco kilómetros del círculo interno había avenidas sembradas de flores que funcionaban como carreteras escénicas para paseos de placer. Por tanto, las actividades comerciales no interferían con la belleza y conveniencia de los paseos.
El clima era semitropical, y los días eran siempre cálidos y cómodos. Se desconocían las temperaturas extremas, y por la noche había una brisa fresca que venía de las montañas.
El Capitolio en sí era una gran estructura con superficie de mármol color crema. Piso estaba hecho de mosaicos de piedra verde.
Un templo gigantesco denominado “Templo Viviente de Dios para el Hombre” era el centro espiritual de la ciudad capital y de toda la civilización. Tenía capacidad para acomodar diez mil personas sentadas. En el centro del templo había una columna cuadrada, de siete metros de alto, sobre la que descansaba una esfera de cristal de sesenta centímetros de diámetro. En su interior había una suave luz blanca auto-luminosa que iluminaba todo el templo con gran brillo. Este foco de luz fue atraído y colocado en el templo por un Maestro Cósmico, como una actividad sostenedora y dadora-de-vida para la gente. La esfera de cristal emanaba no sólo luz, sino también energía y poder, formando uno de los medios básicos de sostenimiento de las actividades de la civilización de Merú.
La energía necesaria para la iluminación, calefacción y potencia para la propulsión también eran generadas y transmitidas por cajas de potencia. Si se utilizaban para propulsión, se les adjuntaba al vehículo a utilizar. Había en uso siete tipos distintos de estas cajas transmisoras de energía. Las cajas tenían un volumen de 75x75x100 cms. Tenían la capacidad de acopiar las corrientes de energías que existían en la atmósfera. Estas corrientes eléctricas eran de un tipo más fino que las que se usan ahora. Se les podía controlar mediante el poder mental, aunque también se podía utilizar medios mecánicos para tal propósito.
Saint Germain informó de otro logro en el campo de la tecnología. Ciertos metales se combinan con el vidrio a través de un proceso de fundición, para hacer el producto imperecedero y tan fuerte como el acero (Quizás el obelisco de la ciudad antes mencionada cerca de la desembocadura del Amazonas, estaba hecho de este material).
La gente que vivía en Merú tenía el cabello dorado con tez rosada y blanca. Los hombres medían dos metros de altura, y las mujeres un metro ochenta. Todos tenían bellos ojos color violeta-azul. La raza expresaba una inteligencia serena.
El nombre del emperador era Casimiro Poseidón, un Maestro Ascendido que era un descendiente directo de los Poderosos Maestros Ascendidos Gobernantes de la Atlántida. Su corona consistía de una sencilla banda de oro con un gran diamante en el centro de la frente. Su espeso cabello dorado le colgaba hasta los hombros. «Casimiro Poseidón era amado sobremanera por su pueblo, y Su memoria se mantuvo viva durante muchos siglos en mitos y fábulas».
Los archivos de esta civilización fueron preservados por los Maestros Ascendidos. Se mantienen para uso futuro en cajas de metal de 75x35x15 cms. Estos registros fueron confeccionados escribiendo con una aguja sobre láminas de oro. En una ocasión, los registros fueron almacenados en el “Templo Viviente de Dios para el Hombre”. Los originales (o copias de éstos) reposan actualmente en el Retiro del Royal Teton. Algún día en el futuro, los registros y los logros de la civilización de Merú les serán revelados al mundo exterior.
Justo antes de que la capital descrita anteriormente fuera sumergida, había llegado a la cima de su gloria, y el Gran Maestro Cósmico que atrajo inicialmente la Luz mediante la que fuera desarrollada y sostenida, se le apareció por última vez al imperio. Les habló de un cataclismo inevitable, y anunció que ésta era Su última aparición.
No dijo cuándo tendría lugar dicho cataclismo. Aquellos que querían salvarse, recibieron la instrucción de partir y se le dijo a dónde ir. Se dio la advertencia de que la catástrofe sería repentina y total. Después de terminar esta profecía, Su cuerpo se disolvió rápidamente y desapareció de la vista. Para desesperación de la gente, el pedestal y la esfera de cristal que contenía la Luz Eterna desaparecieron con Él.
Después de que había transcurrido un año, se desvaneció la memoria que tenía la gente de la profecía. En vista de que no pasó nada inusual, la ansiedad de la gente también amainó y desapareció, dando lugar a la duda en cuanto a la realidad del cataclismo venidero.
Casimiro Poseidón y los de mayor avance espiritual, abandonaron el área y comenzaron a residir en la parte occidental de estados Unidos. Allí permanecieron hasta que el cataclismo hubo concluido. Antes de partir, el emperador había sellado su palacio y el templo en que se había mantenido la esfera de Luz mencionada antes.
La gente que permaneció en Merú se fue haciendo cada vez más escéptica y rebelde. Una persona trató de forzar la entrada del templo sellado, desplomándose sin vida en la puerta.
Casi al final del quinto año después de la profecía, el sol se oscureció al mediodía, y un temor sobrecogedor llenó la atmósfera. Al ponerse el sol, sacudieron la tierra terremotos terribles y demolieron todos los edificios. Había caos por doquier. «Antes de que amaneciera, los grandes poderes destructivos habían terminado su labor».
«Todo el continente de Merú -ahora llamado Sudamérica-perdió su equilibrio. Se inclinó y rodó hacia el Este, sumergiendo toda la costa oriental hasta una distancia de sesenta metros». La costa permaneció en esta posición durante varios años. Luego, gradualmente se fue enderezando hasta llegar a una posición a veinte metros de la original. Desde entonces no se han dado cambios subsecuentes en la elevación.
Así, otra civilización de espléndido logro llegó a un final abrupto. Saint Germain explicó, cómo una civilización, bella y perfecta en todo sentido, podía sufrir la tragedia de un cataclismo destructivo. Cuando un grupo de seres humanos es lo suficiente afortunado como para ponerse bajo la radiación de un Gran Maestro de Luz, de retorno a modo de compensación, es necesario que realice un esfuerzo continuo y consciente por comprender la ley Cósmica, y que voluntaria y alegremente trabaje en cooperación armoniosa con ella. De acuerdo con la Ley de Dios, si a un grupo de seres humanos se les ha enseñado el modo de la Maestría, y encarnación tras encarnación se les ha recordado su Derecho natal Divino; y aún así, no se ve por ningún lado su esfuerzo compensador, entonces los Maestros de Luz tienen que retirar Su Poder Sostenedor.
Todos los pensamientos y sentimientos de odio, ira, resentimiento de cualquier índole y venganza son registrados por todos los seres elementales. Cuando tal energía mal cualificada se ha acumulado hasta ejercer cierta presión, una Fuerza Auto-Generada y Auto-purificadora surge en la Naturaleza y expulsa todo lo que discrepa con la “Ley del Uno”. De esta manera, las cualidades registradas regresan a su fuente -al individuo- en forma de cataclismos mediante los cuatro elementos de la Naturaleza. Así, un cataclismo es la manera de que tiene la naturaleza de aliviarse, purificarse y sacudirse hasta liberarse de la contaminación de los pensamientos y sentimientos discordantes humanos, y de regresar a su condición prístina.
Los estudiantes de la Enseñanza de los Maestros Ascendidos pueden hacer mucho para aliviar las condiciones discordantes de la Naturaleza causadas por la mala utilización anterior de la energía de la humanidad. Hay una gran necesidad de transmutar la energía mal cualificada acumulada en los cinturones de gas. Esto se hace Decretando grupal o individualmente. «Decretarás asimismo una cosa y te será firme.» (Job 22: 28). El poder de la palabra hablada es lo más efectivo que hay.
Tomado del libro: El hombre origen, historia y destino.