La edad dorada del imperio del sáhara

Hace miles de años, existía una civilización que se extendía desde la actual frontera occidental del Desierto del Sáhara hasta el otro lado de África, continuando hacia oriente por Asia toda la distancia hasta los Montes Himalaya. A esta civilización se le llamaba “el Imperio de Sáhara” y llegó a tan alto nivel de logro, que el término “Edad Dorada” se atribuyó a este período.

Hace miles de años, existía una civilización que se extendía desde la actual frontera occidental del Desierto del Sáhara hasta el otro lado de África, continuando hacia oriente por Asia toda la distancia hasta los Montes Himalaya. A esta civilización se le llamaba “el Imperio de Sáhara” y llegó a tan alto nivel de logro, que el término “Edad Dorada” se atribuyó a este período.

En aquel entonces, el Desierto del Sáhara era una tierra fértil. Había muchas corrientes de agua, y toda el área disfrutaba de abundante humedad y de un clima semitropical. El Nilo, tal como está hoy, se asemeja a los ríos de aquella época. La siguiente descripción de la civilización y las condiciones imperantes, corresponde al año 68.000 a.C. cuando el Reino del Sáhara llegó a su cumbre.

En todo el centro del Imperio del Sáhara estaba la capital, famosa en el mundo entero por su esplendor. Los edificios ejecutivos estaban situados en el centro de la capital, sobre una ligera elevación, y desde este núcleo, se extendía la ciudad propiamente dicha, igualmente en todas direcciones. El nombre de la ciudad se conocía como “Ciudad del Sol”. Las cúpulas de muchos edificios estaban cubiertas con láminas de oro puro, y los interiores estaban decorados con joyas. El oro y las joyas eran precipitados directamente de la Sustancia Universal.

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El Rey-Emperador, entonces no ascendido, era el Maestro que ahora conocemos como Saint Germain. Su imperio era un ejemplo vivo de Perfección; y nunca ha habido algo en la Tierra desde entonces que siquiera se haya acercado a tales alturas. . Durante cientos de años se sostuvo esta Perfección, y no había necesidad alguna de ejércitos ni marina de ninguna índole.

Saint Germain contaba con la asistencia de un Consejo de catorce Maestros Ascendidos, trabajando cada dos con uno de los Siete Rayos. El gobierno en sí consistía en siete departamentos que controlaban las actividades de la ciencia, industria y arte. Cada cabeza de departamento trabajaba directamente con el Consejo, y por tanto, estaba sintonizado con el Plan Divino en todo momento. Todos servían por bien común de los demás.

La caída de esta civilización suena como un cuento conocido. Encontramos las mismas causas que ya se dieron para la “Caída del Hombre”, la civilización Lemuriana y la Atlántida. Fueron las mismas causas que más adelante destruyeron el último vestigio de la Atlántida, llamado Poseidón.

La tendencia descendente comenzó cuando la gente le quitó su atención a Dios para volverse sobre sí misma. La Civilización del Sáhara se enredó en la gratificación de los sentidos. No agradecían para nada las bendiciones que derrama la naturaleza, ni siquiera la vida misma. Había mala utilización de la energía, y los habitantes se volvieron egoístas, todos los cuales crearon condiciones destructivas. Dios, el Dador de toda Energía de Vida, espera el uso correcto de esa energía, de manera que pueda bendecir al resto de la creación con actividad armoniosa. Sin tal uso correcto de la energía, una civilización no puede seguir siendo sostenida bajo el Plan Divino, por lo que colapsa.

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El Rey-Emperador, anticipando lo que iba a suceder, convocó a su Consejo y a sus asistentes a su palacio. Se dio un elaborado banquete, donde se precipitó toda la comida y bebida de la Sustancia Universal. Había Quinientas setenta y seis personas presentes. Apareció de la nada un Maestro Ascendido y se dirigió al público. Explicó que debido al descenso de la civilización, el rey y su familia tenían que ser sacados de allí. También predijo que un príncipe, que se estaba acercando a las fronteras del reino, asumiría el gobierno del imperio. Después de que hubo terminado de hablar el maestro, desapareció lentamente de la vista. Siete días después del banquete, el Rey- Emperador partió y ya no se le vio más.

Al poco tiempo llegó un príncipe visitante, de un país menos desarrollado, y al descubrir la condición del imperio, se instaló como gobernante, sin contar con oposición alguna.

Dos mil años después (66.000 a.C.), la mayoría del imperio se había convertido en desierto. Los ríos se habían secado y la desolación imperaba por doquier, como resultado de la discordia de la humanidad.

Cierto tiempo después (sin fecha dada), ocurrió un gran cataclismo que formó un mar interior donde está ahora el Desierto del Sáhara. Más tarde, el cataclismo que sumergió Poseidón alrededor del año 10.000 a.C. secó este mar, y una parte del original Imperio del Sáhara se convirtió en lo que conocemos hoy como el Desierto del Sáhara.

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La civilización de Gobi coexistió con la civilización del Sáhara (en vista de que ésta se extendió hasta los Himalayas, es posible que la civilización de Gobi haya tenido fronteras con ella). Ambas llegaron a un apogeo de desarrollo aproximadamente al mismo tiempo, y experimentaron el mismo destino; a saber, el clímax de logro no terminó debido a un cataclismo, sino a que ambas civilizaciones fueron dominadas por hordas primitivas.

Otra civilización altamente desarrollada se manifestó en Texas al mismo tiempo que la civilización del Sáhara, hace 70.000 años.

Los maestros han dicho que el procedimiento de la preservación sistemática de los registros comenzó allá por el año 68.000 a,C., que cubría el período de estas civilizaciones.

Tomado del libro: El hombre origen, historia y destino.

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