Vida de Jesús y María

En vista de que el énfasis de esta publicación es sobre la historia más que sobre la ley Cósmica, sólo se repiten aquí algunos detalles del mensaje de Jesús, aunque debe enfatizarse que Sus Enseñanzas corresponden en todo con las de los demás Maestros Ascendidos.

Tal como aseverara en el comienzo de este libro, la única fuente de referencia para el texto de esta parte del libro son los Dictados de los Maestros Ascendidos, según les fueron dados a los dos Mensajeros que hubo el siglo pasado. Puede que estos relatos concuerden o no con la Biblia…

En vista de que el énfasis de esta publicación es sobre la historia más que sobre la ley Cósmica, sólo se repiten aquí algunos detalles del mensaje de Jesús, aunque debe enfatizarse que Sus Enseñanzas corresponden en todo con las de los demás Maestros Ascendidos.

Cada cien años aproximadamente dentro del ciclo de dos mil años, los Señores del karma dan una Dispensación (concesión) de Energía a la Jerarquía Espiritual de la Tierra. El Señor del Mundo, el Instructor Mundial y el Maha Chohán, reunidos en Consejo, deciden cuál será la mejor manera de invertir dicha Energía. Escudriñan los individuos espiritualmente avanzados, que podrán tener un papel en la realización de la Dispensación; estudian las condiciones de la Tierra, e investigan la Aplicación de la ley Cósmica basada en la Dispensación. Basándose en estos hechos, Ellos presentan un Plan ante el pleno de la Gran Hermandad Blanca. Cada miembro convoca entonces a varios estudiantes (aprendices), ofreciéndoles la oportunidad de participar en el Plan, siempre y cuando estén cualificados para ello y se ofrezcan voluntarios para este Servicio.

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La Dispensación Cristiana fue dilucidada en los Niveles Internos mucho antes de que Jesús asumiera Su misión. El ciclo predominante era el de Sexto Rayo de Servicio Altruista, y la Dispensación fue diseñada para dar la mayor bendición a las corrientes de vida que habrían de encarnar durante los siguientes dos mil años, bajo la radiación benéfica de ese Rayo.

Antes de que se hicieran compromisos individuales, la Dispensación Cristiana entera fue proyectada sobre la Pantalla Cósmica, mostrando cómo se originaría inicialmente, y cómo sería desarrollada por un humilde grupo de individuos; luego, cómo la Dispensación maduraría a una mayor intensidad a medida que se dedicara más gente a tal servicio.

Al concluir esta presentación, se hizo una llamada pidiendo voluntarios. Jesús, María, José, Juan bautista y aquellos que habrían de ser los discípulos de Jesús, estaban entre los que se ofrecieron voluntarios -y eventualmente fueron seleccionados-.

Al Señor Maitreya se le exigía que probara la fortaleza de cada voluntario, mediante el proceso de iniciación, en el cual fueron eliminadas algunas de esas corrientes de vida.

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María también tuvo que pasar por una prueba, que duró tres horas. Durante ese tiempo, María tuvo que probar que podía sostener su atención y mantener la imagen concentrada de la naturaleza Divina de Jesús como un Hijo de Dios, contra toda fuerza mental concebible y toda presión que un Maestro pudiera dirigirle. Al concluir esa iniciación, a maría se le dio el derecho de encarnar y esperar la llegada de Jesús. Una de las razones por la que pasó la prueba, es que había sido entrenada en el poder de la concentración, aferrándose a un concepto al tiempo, al morar durante eras anteriores en templos para elementales. Se readvirtió que la prueba que había superado era poca cosa comparado con la que tendría que pasar cuando la maldad de algunas fuerzas siniestras se proyectase contra ella.

Antes de encarnar, María pidió, (y se le otorgó) el favor que resultó ser el más esencial para el éxito de la misión de Jesús. Pidió que el Arcángel Gabriel le anunciara la llegada de Jesús, en ese momento en el futuro en que ella estaría encarnada y no tendría memoria de su misión.

Cuando niña, los intereses de María eran distintos de los de las otras niñas de Judea, cuando las otras niñas jugaban con muñecas, ella contemplaba todas las profecías del Viejo Testamento, y desarrollaba una gran devoción por la amada Vesta. De Vesta, extrajo el sentimiento de Amor maternal Divino.

A la edad de tres años, sus padres (Joaquín y Ana) la llevaron al Templo de Luxor para ser instruida. Allí permaneció hasta su madurez. Era una vida muy solitaria para una niñita, y no se suavizaban las severas disciplinas para alguien tan joven. Los sacerdotes la entrenaron en los poderes de concentración. De esta manera, ella estaría preparada para su misión ulterior, la de sostener sin vacilación el “Concepto Inmaculado”, que es el Concepto Divino del hombre, para su hijo -Jesús-.

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Mientras que sus jóvenes amigos disfrutaban de juegos infantiles y jugaban en la hierba, María, a la edad de cinco años, se le daba la tarea de copiar letras de las escrituras. Su tarea consistía en mantener su atención sobre su trabajo, y no distraerse por el sol brillante o el sonido de los niños jugando.

Durante su estadía en el templo, María tuvo que pasar por varias pruebas severas e iniciaciones. Ella les dijo a los estudiantes que esperaba que ningún otro ser no ascendido tuviera que pasar jamás por pruebas de esa índole.

En la tarde, María encontraría reposo y quietud al irse a un sitio tranquilo, donde tendría el confort de Su Llama Gemela, el Arcángel Rafael. Ella disfrutaba mucho la felicidad de esa asociación, así como también la belleza de esa compañía.

María creció en belleza y gracia, y los ángeles la acompañaban constantemente, disfrutando de la belleza de Su compañía. Prácticamente no había velo alguno entre el Reino Angélico y Su propio dulce ser. Ella era en Verdad una “Reina de los Ángeles”.

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Durante ese tiempo, María tuvo que reflexionar en Su corazón sobre la Unicidad de Dios y Su Creación Perfecta -el ser humano-.

María les explicó a los Estudiantes qué tipo de camaradería y amistad entre el individuo y su “Presencia de Dios”, establecida en los quehaceres diarios de la vida, construyen un momentum para él. Continuó diciendo que nunca ponía la mesa, nunca barría el piso, nunca plantaba una flor sin hacerlo con comprensión de que era la Vida de Dios lo que permitiría hacer dicha tarea, y ella lo hacía para la gloria de Dios. Toda la juventud de María estovo dedicada a prepararse para la hora en que su misión comenzaría diligentemente.

Después de marchar del templo, María esperaba que se le apareciera Su protector. Su primer encuentro con José fue algo memorable, porque encima de José (que es ahora el Maestro Ascendido Saint Germain), ella vio la flamígera figura del Arcángel Zadkiel. Para María, eso era la confirmación de que José era el protector apropiado y escogido para ella.

José era miembro de la Hermandad Esenia, y era un espiritual muy avanzado. Tenía un excelente conocimiento de la Ley Cósmica, y le impartía dicho conocimiento a María. Fue su callada fortaleza, su serenidad y dignidad, lo que ayudó a María durante muchas de las difíciles experiencias más tarde en Su vida.

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Desde el día en que llevaron a María al templo para su entrenamiento, ella vivió en un estado de constante “gracia escuchante” (capacidad de escuchar al Poder de Dios rechazando a los poderes del mal).

De manera que le resultó fácil al Arcángel Gabriel realizar la promesa que le había hecho a María antes de ella encarnara, acercándosele con las palabras triunfantes, “Salve María, llena de gracia”. Le comunicó a María que a través de su cuerpo vendría la forma física de Jesús -quien sería el Mesías-. Era indispensable que María en un estado de “gracia escuchante” – lo que significa estar siempre preparado para escuchar a la queda y pequeña voz interior,- se hubiera perdido el mensaje de Gabriel.

María y José se prepararon para el nacimiento de Jesús. María hizo vestiditos para bebé, y juntos planearon su futuro, de manera que tuvieran la fortaleza para realizar gloriosamente Su misión.

Jesús nació en un tiempo en que la energía colectiva cualificada constructivamente de la Tierra estaba en su nivel más bajo desde la época Atlántida. Su venida y misión exitosa invirtieron la marea.

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Jesús nació sin karma. Según un Dictado que Jesús dio en 1953, en otras encarnaciones fue Apolonio de Tiana, Zoroastro en Persia y Josué.

El ahora Maestro Ascendido El Morya (quien fuera uno de “Tres Reyes Magos”, junto con los ahora Maestros Ascendidos Kuthumi y Djwal Khul) recuerdan su encarnación anterior de la manera siguiente:

«También yo hace mucho tiempo seguí una Estrella, hasta los pies de un bebé. Puedo asegurarles que no era tan glamoroso ni romántico ni bellos como se le describe hoy, y que los Tres Reyes de Oriente no cabalgaban cómodamente en grandes caravanas de poder y riqueza. Es verdad que sí nos unimos a ellas, ya que los viajeros en aquellos días rara vez cruzaban solos las vastas extensiones de desierto, y nosotros estábamos en vestiduras de carne. Habíamos estudiado los cielos durante muchos años, cada uno en su propio país. No teníamos comunicación entre nosotros, y cada uno, cuando las constelaciones apuntaron hacia cierto momento Cósmico, sintió que estaba próximo el momento para una Visitación; y cada uno, con gran sacrificio, con sufrimiento y siendo ridiculizados por sus paisanos, abandonó la comparativa seguridad de su propio hogar, siguiendo una estrella. Había noches en que las nubes cubrían el cielo y las estrellas no brillaban -tal como ocurre a veces en su progreso sobre el Sendero Espiritual, cuando su estrella parece haberse borrado del cielo, y aún en sus sentimientos se preguntan si existe esa “Luz guía”-».

«Puedo entenderlo porque transité cada paso de ese camino, siguiendo una estrella; y puedo asegurarles, con la confianza y fe instauradas en Mis propias energías, que valió la pena la inversión de cada electrón extraído desde el corazón de la “Presencia”, y utilizado para motivar el cuerpo hacia ese humilde establo de Belén».

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En 1953, Jesús dijo que los ahora Maestros Ascendidos el Morya y Kuthumi, y aquellos ocupados en el estudio de las estrellas, sabían que la hora de su concepción y encarnación estaba a punto de ocurrir.

La misión de Jesús tenía que cumplir con las Leyes, tal como éstas se aplicaban a la Tierra en aquella época. Él no recibió ningún privilegio especial -tal como el don de la conciencia consecutiva-. Fue atado por las “bandas del olvido” al igual que cualquier otra corriente de vida que buscara evolucionar sobre la Tierra. Por tanto, cuando se despertó como un bello bebé en los brazos de María, o después, cuando creció, no recordaba ninguna encarnación anterior.

Fue muy apropiado que un gran momentum se hubiera establecido entre María y el Reino Angélico, porque al poco tiempo después de haber nacido Jesús, un ángel trajo noticias de un desastre inminente.

Una noche poco tiempo después del nacimiento de Jesús, María vio a José parado en la puerta. Estaba muy perturbado. José le dijo que acababa de recibir una advertencia. No estaba seguro de la fuente. ¿Había sido un ángel, y venía de Dios? La impresión en su conciencia era la de escapar de inmediato e ir a Egipto. José tenía sus dudas. Sentía que era injusto para con el recién nacido, quien tenía tal misión, de tener que someterse tan pronto a la crueldad de Herodes. Oraron juntos, y maría recibió en su corazón la confirmación de que deberían partir. Al tiempo que detrás de ellos fluía por las calles la sangre de los infantes, María (y, más adelante, Jesús) hicieron el voto de asistir personalmente a cada niño que estuviera involucrado en dicho acto de brutalidad, a lograr la Ascensión en una encarnación posterior.

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Estos niños habían muerto debido a la misión de Ellos. María tomó a su bebé y junto con José, abandonaron el refugio de su hogar, viajando a Egipto, una tierra colmada de peligrosa vida silvestre. El viaje a Egipto fue largo y tedioso, con muchas noches sin dormir, escapando de los soldados de Herodes.

Desde que Jesús era un niñito, ya manifestaba una pureza de espíritu. Sus sentidos estaban igualmente bien desarrollados. Tenía visión perfecta, audición perfecta; gusto, tacto y olfato perfectos. Además, tenía una gran intuición.

Jesús no vivió en “un mundo privilegiado y encantado”. Vivió en medio de la llamada imperfección. Fue llamado a rozar hombros con los pobres, y con los enfermos de mente y cuerpo. En aquel entonces no había instituciones que sacaran de la vida pública a tales individuos. El bello niño, vestido con su sencilla túnica blanca y las sandalias que José le había hecho, estaba expuesto a las presiones de pensamientos desde diferentes planos, con sólo el Amor de María y José que lo protegiera.

Los padres de Jesús fueron sus primeros maestros. María le dijo que dependía enteramente de él aceptar como real el mundo lleno de imperfección -tal como la apariencia de enfermedad o angustia-, o “magnificar al Señor”. Jesús les dijo después a los estudiantes que esta lección le ayudó inmensamente en Su misión posterior, y “muchas veces preservó su sanidad”. José también aplicó este principio a menudo.

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María aseveró que esa elección siempre está disponible -la de sintonizarse y magnificar el mundo de las apariencias, o elegir magnificar el Poder de Dios, volviendo el propio rayo de la energía y atención a la “Presencia YO SOY”, manteniendo la propia atención sostenida allí hasta que el Ser Interno gane confianza. Cuando el joven Jesús venía a María con raspaduras en sus pies y rodillas, ella decía; “No magnificaremos la herida o la cicatriz. Magnificaremos a Nuestro Señor”. Luego, volviendo su atención al Patrón de Perfección (el hombre hecho a imagen y semejanza de Dios), María, José y Jesús atraían las corrientes de Sanación y Paz de su Presencia de Dios a través de sí, hasta que la apariencia de imperfección desaparecía. Hacían esto sistemáticamente todos los días. Así juntos construyeron un momentum que habría de ser la fundación para hacer frente a los días difíciles que tenían por delante; sí, para vencer a la mismísima muerte.

Cuando María y José estaban en Egipto, tuvieron muchas pruebas que probaron su fe y poder de concentración. Una mañana, María vio al niño Jesús jugando en la orilla del río Nilo. De repente, salió del río cerca de él un inmenso cocodrilo. El cocodrilo tenía el hocico abierto. Por un momento, María quedó anonadada. Luego recobró la lucidez, y visualizó a Jesús envuelto en la Protección de Dios, hasta que el cocodrilo finalmente se metió en el río y se alejó nadando.

Jesús no pensó que había nada inusual en esta experiencia; sencillamente, saludó a su madre con la mano y siguió jugando.

A la tierna edad de cinco años, Jesús entró al Templo de Luxor y al igual que ocurrió con María, volvió a experimentar la severa disciplina de los sacerdotes del templo. A María no se le permitía observar en entrenamiento del niño. Ella tenía que esperar fuera del templo, a pleno sol bajo la sombra de una higuera, mientras que el niño Jesús recibía instrucción desde temprano en la mañana hasta bien entrada la tarde. A veces, al salir del templo, María notaba gotas de sudor en la frente de Jesús, así como círculos profundos bajo Sus ojos. Él tuvo que pasar por exámenes y disciplinas de las que los hombres y mujeres adultos han salido huyendo, empero María no podía interferir. Era obligación de ella darle al niño una libertad completa, dentro de la cual no hay temor alguno.

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De su niñez, Jesús dijo en 1961: «También yo me desperté a un mundo de forma (ámbito físico), a un mundo de sombras, y tuve que encontrar en Mi interior la razón y propósito de Mi Ser. Recuerdo bien esos primeros días en Egipto, cuando a temprana edad Me llevaron a esos templos, donde aprendí la Ley ante los sacerdotes. Recuerdo Mi gratitud por el amor de mi madre y de mi padre, que compensó la austeridad, la disciplina y la tremenda presión requerida hasta de un niño que había solicitado la maestría en uno de los templos de Luxor».

Si bien a María no se le permitía acompañar a Jesús al templo, ella era instruida en privado con las mismas lecciones por el Jerarca de templo, Serapis Bey. Esta instrucción consistía en la suspensión del aliento y en la resurrección del cuerpo, preparándola así para los eventos venideros.

Cuando Jesús llegó a la madurez, con la ayuda de José, se convirtió en un carpintero aventajado. Más tarde, José realizó muchas contribuciones importantes para establecer la Era Cristiana, siendo Él quien por primera vez presentó Jesús a los discípulos.

José tenía conocimiento de esos discípulos años antes de que Jesús estuviera consciente de ellos. José hizo contacto con ellos, explicándoles que su estudio de las profecías antiguas y enseñanzas de la ley mostraban que el Mesías vendría pronto, pero que dependía de cada uno reconocer al Mesías por cuenta propia. En otras palabras, José no les dijo que Jesús era el Mesías. Más bien, ellos tenían que discernir la realidad del Mesías por su cuenta, a través de los sentimientos de sus propios corazones cuando se encontrasen con Él. Más tarde, José les enseñó a los discípulos tanto como sus conciencias individuales podían absorber, y tanto como la ley permitía en aquel entonces.

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Santiago y Juan el Amado eran huérfanos. Fueron criados por una amable mujer, y José era su custodio. En vista de que la mujer estaba envejeciendo, José les preguntó a los dos muchachos quien estaría dispuesto a aceptar la responsabilidad como cabeza de la casa, y cuál estaría dispuesto a ser aceptado por la Hermandad Esenia. Resultó que Santiago, el mayor y el más práctico de los dos, asumió la responsabilidad del hogar, y Juan se incorporó a los Esenios para emprender muchos años de entrenamiento. De esta manera, estaría preparado para ser la “mano derecha” de Jesús. Subsecuentemente, Santiago se fue de Galilea, donde conoció a Pedro y a Andrés.

Lucas era un médico que había recibido alguna instrucción privada sobre sanación de parte de Jesús. No estaba totalmente convencido de los poderes sanadores y de otros logros de Jesús, y decía a menudo: “No creo que pueda hacerse”.

Durante los años de crecimiento de Jesús, le tocó a José ser Su maestro. Cuando el contacto de Jesús con el Maestro Ascendido Maitreya se desarrolló hasta el punto en que prácticamente no había ya más velo entre ellos, el Señor Maitreya se convirtió en Su nuevo maestro.

Un día, José le dijo a María que Su misión en la vida estaba a punto de culminar. Le pidió que permaneciera en Betania después de que él dejara este plano. Ella estaría en manos de amigos. Jesús, dijo él, habría de ir a la India a recibir un mensaje importante. Poco tiempo después José desencarnó.

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No había pasado mucho tiempo después de la desaparición de José, cuando Jesús se encontró yendo solo, a pie, a la India en un peregrinaje sencillo y solitario. Entró a la India, siguiendo las vagas indicaciones de José, teniendo que depender de los dictados de Su propia “Presencia YO SOY”. Llegó a un grupo de personas sentadas alrededor de un maestro, y se sentó en silencio con ellas. El Maestro hizo que no reconocía la llegada de Jesús, pero mentalmente le proyectó las palabras “YO SOY la Resurrección y la Vida” y “YO SOY la Ascensión en la Luz”. Eso constituyó todo el contacto entre Jesús y el Maestro. Jesús se puso de pie e inició el camino de vuelta a casa, agradecido por haber recibido las palabras clave para Su misión. (El maestro era el Gran Director Divino y “YO SOY” era y es la palabra sagrada y secreta que le abrió definitivamente las puertas a Jesús. En español significa Yo soy y Yo estoy, aunque no tiene el formidable poder de “YO SOY”. No se debiera traducir nunca, y por desgracia se hace).

Después que Jesús regresó de Egipto, antes de Su ministerio público, Él y María regresaron una vez más a Luxor, Egipto. Allí permanecieron durante tres años. Ambos lograron la maestría sobre la iniciación final del Retiro de Luxor -la cual es la remoción consciente de las corrientes de vida del cuerpo, devolverlas de nuevo mediante el aliento controlado. Esto se hizo a fin de prepararlos para la prueba suprema de Jesús. Doce Maestros estuvieron de guardia sobre sus cuerpos durante ese período, y tanto Jesús como María pasaron la prueba con éxito.

A.D.K.Luck dice:”Desde los doce años hasta los veintiocho, Jesús recibió entrenamiento en varios retiros y monasterios en el valle de Kashmir, donde permaneció durante cinco años. Allá se han preservado pergaminos que escribió el mismísimo Jesús”.

La misión de Jesús comenzó a los treinta años de edad. Su ministerio duró tres años. Este límite de tres años fue predeterminado por la Ley Cósmica. Él habló en términos sencillos y parábolas fáciles de comprender, de manera que el hombre común pudiera entender. Desde el punto de vista espiritual, Jesús, tocó el corazón a menos de quinientas corrientes de vida. Esto se debió en parte a las condiciones difíciles de vida prevalecientes en la época.

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Durante el tiempo en que Jesús estuvo involucrado en Su misión, María permaneció con Marta y “la otra María” (posiblemente María de Betania) en las afueras de Betania. Allí se encontraba un viejo molino que se había utilizado para moler maíz. Había cierta paz en la sencillez de la vida en el campo. María disfrutaba de este ambiente, y tejía vestidos para Jesús. Una vez al día, subía caminando por la colina cubierta de hierba hasta la cima aplanada de piedra. Allí se pasaba varias horas en profunda y fervorosa comunión con Dios. De esta manera, construyó el momentum y el patrón sobre el cual tanto Jesús como Ella ascendieron después. Cuando Jesús descansaba entre viajes, visitaba a María en Betania, y en esos momentos ambos encontraban felicidad durante esta época difícil.

El primer llamado “milagro” de Jesús fue el cambio de agua en “vino” en la boda de Caná. Él volvió su atención a Dios, y a través de las energías de Su momentum espiritual, cambió la sustancia de esa agua a la Luz Electrónica. Fue la gente quien, inconscientemente, la cualificó con lo que deseaba que se manifestara. Por tanto, la sustancia que bebieron les sabía a vino.

La “alimentación de los cinco mil” se logró utilizando principios similares. Jesús multiplicó los panes y los peces utilizando la Ley de Precipitación. El pan y los pescados fueron multiplicados al juntar Sustancia-Luz Electrónica, que es la sustancia que nos rodea por doquier en la atmósfera. Esta Sustancia fue atraída a la forma, y entonces reducida a una acción vibratoria inferior, permitiéndoles a las personas comer lo que parecía y sabía como pescado. (Según quedó registrado en el libro Misterios Desvelados, Saint Germain utilizó los mismos conceptos de la ley cuando le dio a Guy Ballard un líquido lechoso que también había sido producido con Sustancia-Luz Electrónica. Esto refrescó y revitalizó sobremanera al Señor Ballard).

Desde la niñez temprana en adelante, a Jesús se le enseñó a magnetizar la PAZ. Esa Paz se convirtió en una gran reserva, que le permitió a Jesús decir con autoridad: “¡Paz, aquiétate!” y las turbulentas aguas del mar de Galilea respondieron al mandato. Este sentimiento de Paz también estaba presente cuando dijo: “Amen a sus enemigos, traten con amabilidad a quienes los aborrezcan”.

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Al invocar todo el momentum acopiado de la VIDA SEMPITERNA, y al dirigir esa energía al corazón de Lázaro. Jesús pudo prestar un servicio. La energía que invocó era más poderosa que los lamentos, los llantos, la curiosidad, el escepticismo y otras energías cualificadas imperfectamente que actuaban a través de los allí presentes. Lázaro respondió, y salió de la llamada muerte.

Al tiempo que llevaba a cabo Sus múltiples milagros, Jesús tenía la Asistencia Espiritual de Dios Todopoderoso, Su Maestro Maitreya, y Su madre, María. En un Dictado, Jesús exhortó a los Estudiantes a estar preparados en todo momento para utilizar sus habilidades dadas-por-Dios. Nunca se sabe cuando se dará la oportunidad. Decía Jesús: «¡El momento es AHORA! No consulten el calendario en cuanto a cuándo hacer algo. A Mí no se me dijo de antemano qué iba a experimentar. Yo no tenía manual que me dijera que en tal o cual fecha el Espíritu Santo iba a descender, y que en tal o cual fecha Yo iba a sanar a alguien».

En un Dictado que Jesús le dio a los Estudiantes en 1961, dijo:

«Debido a la mala interpretación de la Ley, desafortunadamente fui apartado (o señalado) como “el Hijo Unigénito” de Dios. Yo vine a traer el ejemplo de Vida Eterna, venciendo -con la asistencia de Seres Divinos- a la experiencia llamada muerte. Luego, tuve que convencer a Mis discípulos de que Yo todavía vivía y Me movía entre ellos, resucitado.

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Hice todas estas cosas porque el mundo requería entonces, y requiere todavía, de la venida de un Ser Perfecto, uno que pueda llevar a cabo el propósito y representar al Padre Celestial Uno en la Tierra. ¿Alguna vez han sido azotados en público, con una corona de espinas presionadas en la frente? ¿Alguna vez han rasgado sus vestiduras? ¡No! Las cosas que les han pasado durante esta encarnación son leves en comparación con las experiencia por las que yo tuve que pasar voluntariamente, para mostrar que un Hijo de Dios era Maestro de la Energía en este mundo».

(Nota aclaratoria. El propósito de Jesús era el de mostrar la meta de la vida física del ser humano, que era la Ascensión, de la que Él dio el ejemplo, diciendo antes que lo que Él hizo lo haríamos todos, e incluso haríamos cosas mayores. Desde ese nivel vibratorio Superior, acometeremos labores Cósmicas que no soñamos ahora. Desde ahí, entre otros cometidos, los Maestros Ascendidos, Jesús entre ellos, Ayudan inmensamente a que TODA la humanidad alcance el mismo logro. Después, ya en ese Nivel y a partir Él, quedan por realizar cosas aún más sorprendentes en los Niveles Cósmicos).

En 1961, la amada María dijo: «Las fuerzas diabólicas o siniestras todavía deambulan por el mundo, (introducidas dentro de las filas de las Iglesias Cristianas) haciendo hincapié sobre la parte equivocada de la misión de Jesús. (Esto se refiere a los errores humanos que tuvo que sufrir Jesús, a los que se da importancia indebida, dejando en último plano la ASCENSIÓN.) Glorifican a un Cristo crucificado, acallando al Cristo resucitado».

Las palabras de Jesús añaden énfasis del modo siguiente: «EL CRISTO CRUCIFICADO QUE EL MUNDO ORTODOXO PONE FRENTE A LA GENTE, ES EL SÍMBOLO DE LA PROPIACIÓN INDIRECTA. Es la manera que tiene el ser externo de pretender que otra corriente de vida cargue con los pecados de cada cual. EL CRISTO CRUCIFICADO TIENE QUE SER REEMPLAZADO POR EL CRISTO ASCENDIDO». Depende de cada individuo purificar su propia energía.

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Refiriéndose a la precisión actual y autenticidad La Biblia, el Maha Chohán explicó en 1960 que hubo algunos estudiosos bíblicos que se explayaron sobre los textos originales. (¡No debe sorprender que haya más de cien diferentes “Religiones Cristianas”!).

En sus Dictados, Jesús enfatizó una y otra vez que los Estudiantes pueden realizar ACTUALMENTE los milagros que se hicieron hace dos mil años. También mencionó que sólo desde la Dispensación de 1927 (a través de la Actividad “YO SOY”), se ha alcanzado la cima del Servicio que Él espera prestar. Como parte de este Servicio, se les da OPORTUNIDAD a los Estudiantes de los Maestros Ascendidos como pocas veces antes en la historia del planeta. Dice Jesús: «Estos estudiantes son la esperanza de la Tierra. Las iglesias han tenido su oportunidad durante dos mil años para liberar a la humanidad, empero la gente se ha esclavizado cada vez más. ¡Se lo ruego, en nombre del Padre de Toda Vida, si Me aman, HAGAN LO QUE YO HICE!».

(Nota. No me gustaría tocar el tema de la crucifixión, porque no es precisamente lo importante de la misión de Jesús. Pero en el texto que sigue, hay otros datos de interés que merecen conocerse).

Después de que los discípulos y el Maestro terminaron la “Última Cena” y se fueron a Getsemaní, María (otra señora que también se llamaba así) y Marta, recogieron el mantel que la Madre María había tejido, y lo doblaron cuidadosamente. María sabía en su interior, que algún día esa tela envolvería el cuerpo de su aún vital y bello hijo. A su vez, el cáliz de la Última Cena fue envuelto en una servilleta, y se le dio en custodia a José de Arimatea. Luego, María se centró en fervorosa oración, ya que al día siguiente tendría lugar la tribulación más grande de su vida.

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Varias veces antes, Jesús y María habían considerado los diversos puntos que habrían de enfatizarse durante Su ministerio. A menudo, hablaban acerca de la necesidad de pasar por la apariencia de la muerte, con el fin de probar la inmortalidad de la Vida.

En Luxor, era comparativamente fácil para el iniciado altamente entrenado retirar los sentidos de contacto con el mundo a su alrededor y suspender el aliento, de manera que, a los sentidos externos, el cuerpo estaba “muerto”. Sin embargo, realizar este acto conscientemente en medio de cientos de conciencias malévolas, es mucho más difícil. No obstante, a fin de satisfacer a la conciencia externa, era necesario que la propia humanidad realizara de hecho y ejecutara la sentencia de muerte. De otra manera, la humanidad nunca hubiera creído que la resurrección había sido auténtica, y que no era un truco de fakir o una manifestación de hipnosis.

María aseveró que ni ella ni Jesús se regodeaban en la necesidad de tener que pasar por esta experiencia. Cuando Jesús pidió que se apartara de Él “el cáliz”, se debía a que nadie sabía ciertamente si la demostración tendría éxito o no. A través de una experiencia pública como esa, se dirigió la totalidad de la maldad psíquica y astral que se había acumulado desde la “Caída del Hombre”, a través de esos individuos encarnados que se permitieron ser utilizados como peones o cascarones de esa fuerza.

De frente al viento sobre la cima del Calvario, contemplando la codicia en la conciencia de quienes gustaban y disfrutaban del espectáculo, María, con cada fibra y célula de Su Ser, sostuvo el Concepto Perfecto del Cristo resucitado, ascendido y respirante. Invocó al Señor Maitreya, a Helios y Vesta, a Gabriel y a todos los que la habían asistido anteriormente. María sintió la respuesta desde el corazón del Sol; vio la Presencia de Vesta; vio, encima de Jesús, la Presencia luminosa y flamígera del Señor Maitreya, y sintió la proximidad de Gabriel.

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María también recordó a José. Extrañaba su serena presencia física. Pensó en una noche de verano mucho tiempo atrás, y en un establo sencillo. [Esta afirmación sugiere que la narración bíblica del tiempo y ubicación del nacimiento de Jesús son correctos]. María recordó el largo y tedioso viaje a Egipto, y la entrada al templo. Pensó en los discípulos que todavía no estaban anclados en la comprensión de lo que estaba pasando. Todos estos pensamientos vinieron a Ella; y sin embargo, María pudo sostener su atención sobre lo que Ella denominaba “el Concepto Inmaculado” de Jesús, a sabiendas de que ni la lanza ni la corona de espinas, ni la cruz ni los clavos podían hacerle daño. Y resultó que una serie de humildes experiencia diarias dentro de las cuales se vertieron las energías de los cuerpos de María, construyeron una forma que probó ser su fortaleza, equilibrio y sanidad en la hora de necesidad. Ella mantuvo su postura y sostuvo el foco de la Llama de Resurrección sobre Su hijo, concentrando Sus energías sobre el Patrón Victorioso y Feliz de Sus experiencias de vida.

Como siempre, María podía ver el Santo Ser Crístico de Jesús [el Maestro explicó en otra parte que el Santo Ser Crístico (de cada ser humano) mora encima del vehículo físico].

Durante tres largas horas, el cuerpo de Jesús colgó entre los dos ladrones en la cruz.

Juan asistió a María, adhiriéndose al Concepto Perfecto del hombre como co-creador con Dios, de manera que Jesús pudiera pasar por esa iniciación, resucitando Su forma física, resucitándola en la Mañana de Pascua para beneficio de un discipulado que dudaba; y finalmente, ascendiese a la vista de más de quinientas personas.

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María y Juan sabían cómo, a través de la Luz y el Amor, desconectar el tirón gravitacional del cuerpo físico. Ellos aplicaron esto cuando fue levantada la cruz, impidiendo así que el cuerpo de Jesús se desgarrara. Siguiendo con este relato, las últimas palabras de Jesús no fueron: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?, sino “¡Padre, cómo me has glorificado! ¡En Tus manos encomiendo Mi espíritu!”. Luego, las palabras “Todo está consumado” se escucharon viniendo de donde estaba la cruz.

Jesús sí experimentó dolor por el castigo físico que se propinó antes de la crucifixión. Pero no sufrió mientras estaba en la cruz, porque era maestro de la situación y se había retirado del cuerpo lo suficiente como para no sentir dolor. Desafortunadamente, algunas iglesias se enfocan sobre la agonía y zozobra de Jesús mientras estuvo en la cruz.

Es bien conocido que al nacer Jesús, los “Tres Reyes Magos” le habían traído incienso y mirra. María había guardado cuidadosamente estos artículos, que ahora utilizaron Marta y “la otra María” para ungir el cuerpo de Jesús, envolviéndolo con la tela suministrada por María. El cuerpo estaba ahora listo para ser sepultado.

Después de la crucifixión, Juan y María les dejaron a otros la tarea de realizar los ritos finales. Acompañados por un sentimiento de paz interior, bajaron del Calvario en dirección a Betania. Se quedaron en el viejo molino, situado en las afueras del pueblo. Allí encontraron el refugio y el solaz de las presiones de los eventos pasados.

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María pidió que la dejaran sola, y durante dos noches y un día se concentró en la actividad de la Llama de la Resurrección, contribuyendo a restaurar el cuerpo deshecho de Jesús. Oró durante muchas horas, quedándose finalmente dormida en Su vigilia. Luego, a través de Su mente le llegó la magnífica y melodiosa voz de Gabriel. Él entró a la conciencia de ella utilizando las mismas palabras que usó cuando confirmó la medianidad de Jesús, a saber, “¡Salve, María, llena de gracia!”.

Al principio, María pensó que estaba soñando en la visitación anterior, pero Gabriel confirmó: «¡Tu hijo ha resucitado! ¡Él es victorioso! ¡La tumba ha sido despedazada! ¡Él ocupa su cuerpo, y he venido como el Anunciador y Protector del Concepto Inmaculado, a traerte las primeras noticias de Su Victoria!».

María cayó de rodillas, reconociendo la presencia de Gabriel, y lágrimas de gratitud corrieron por sus mejillas. El recinto se llenó Luz, y se dejó sentir el aroma de los lirios. Al suavizarse la luz brillante, María pudo reconocer a Jesús, vestido con la misma túnica blanca que Ella le había tejido. Fue capaz hasta de reconocer Su propio tejido en la basta del vestido de Jesús. Al examinarle María las facciones para asegurarse que no se trataba de un espejismo, Jesús tendió sus brazos y le habló diciendo: “¡Madre, soy yo”.

María se abalanzó sobre Él, tocando Su túnica, pensando en besar la basta, pero Él la levantó. Caminaron juntos hacia la ventana para ver el sol, al cual, como símbolo de Vida y Luz, ellos habían adorado y amado como una manifestación externa de Dios.

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Cuando María le vio las manos a Jesús, observó que todavía mostraban las cicatrices causadas por los clavos; sin embargo, las marcas en la frente causadas por las espinas habían desaparecido. Jesús le explicó que un Ser Ascendido le había sugerido que conservara las marcas en las manos y pies, así como también la de la lanza, como medio de identificación.

Jesús se fue, no sin antes explicarle que tenía que ver a Marta, a María de Magdala, a Pedro, a Santiago y a Juan porque estaban totalmente estremecidos por la crucifixión, y con mucho miedo. Antes de partir, Jesús le preguntó a María si deseaba ascender con Él, o si deseaba quedarse y seguir. (Aparentemente, María había ganado Su Ascensión, al igual que Jesús). María respondió con la pregunta de qué era que hiciera Ella. Jesús respondió, explicándole que se requería de un ser no ascendido para magnetizar y anclar las Corrientes Cósmicas para la Dispensación Cristiana. María estuvo muy contenta de permanecer, lo que complació a Jesús. Prosiguió diciéndole que había recibido una nueva Dispensación especial (de parte del Tribunal Kármico) bajo la cual le sería posible visitar a Ella y a Juan durante treinta años, para darles ciertos puntos de la Ley que hasta entonces no se permitía que se dieran. Como parte del plan para anclar las Corrientes se requería que en todo momento, Juan o María permanecieran en Betania.

Jesús añadió que también se le permitiría visitar a María y a los demás durante cuarenta días antes de Su Ascensión, para explicarles la Ley. Dijo que enviaría a Pedro, Santiago, Andrés, Juan, Lucas y a las mujeres que los amaban, a Betania.

Cuando Jesús hizo contacto con Sus discípulos después de la Resurrección, ya no estaba operando en su cuerpo físico, sino en Su Ser Crístico. Mientras estaba en el sepulcro, Jesús transmutó su cuerpo físico, con la cooperación del Maha Chohán y del Arcángel Gabriel, enviando Rayos de Luz desde Su “Presencia YO SOY”, y atrayendo la esencia purificada del cuerpo físico al Ser Crístico. (La “Presencia YO SOY” es lo que las iglesias conocen como el “Espíritu Inmortal” en cada ser humano).

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Jesús estaba entonces operando en Su Cuerpo de Pura Luz, en el cual todo átomo y electrón estaba bajo el control consciente de Jesús. Por tanto, podía variar a voluntad la acción vibratoria del Ser Crístico, permitiéndole ser visible y tangible al grado que quisiera. Este Cuerpo de Luz no requería alimento o bebida, y no tenía carne ni huesos; pero Jesús podía hacerlo aparecer ante los discípulos como si retratara de un cuerpo de carne, para convencerlos de Su Presencia tangible. Elevando la acción vibratoria de Su Ser Crístico, podía atravesar sin dificultad las paredes de los edificios. Al haber alcanzado la maestría sobre la materia (energía, sustancia y vibración), hasta podía ayudar a los discípulos en su labor física.

¿Por qué Jesús no ascendió sencillamente desde la cruz? María explicó que Jesús podía haberlo hecho, pero que se eligió la actividad de la Llama de la Resurrección para fortalecer la fe de los discípulos, y para establecer un foco para la Era Cristiana.

Al aparecérsele diariamente a María y a los discípulos -a veces por minutos, a veces durante horas- durante cuarenta días, los sentimientos de ellos se anclaron en la supremacía de las Leyes de Dios Todopoderoso. Los discípulos tenían que aprender que es posible para TODO estudiante de la Verdad aplicar la Ley y alcanzar la Victoria de su manifestación. En uno de sus Dictados, María afirmó que, “lo que Uno ha hecho, lo podrán hacer algún día todos”.

Era necesario para la Dispensación Cristiana que se estableciera un foco que perdurara durante dos mil años en la Luz (energía cualificada constructivamente) de Jesús y María, el cual tuviera la vitalidad, el fuego y la fortaleza necesarios para auto-sostenerse cuando ambos hubieran ascendido.

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Se decidió remodelar las habitaciones del viejo molino, el cual estaba bastante derruido. También, en vista de que se estaba utilizando como cuarto de reunión para las visitas de Jesús, tenía que acomodar a más gente. Primero se proveyó un pequeño cuarto dentro del molino para María. Luego, Jesús sugirió que excavaran una zanja para regar el jardín de María, para ahorrarle la caminata llevando agua. Un riachuelo corría detrás del molino, contribuyendo a la paz y la belleza del escenario. María estaba interesada en hierbas, que había plantado por su poder sanador. Fue así como el viejo molino se convirtió en el foco de la Dispensación Cristiana, y María permaneció allí durante treinta años más.

Jesús no sólo dio consejos, sino que también ayudó en el trabajo de renovación. En una ocasión, ayudó a fortalecer una viga del techo, añadiendo una columna de apoyo que acortara la luz de la misma. Pedro taló un árbol; Jesús, utilizando sus aptitudes de carpintero, lo diseñó, y juntos colocaron la columna de apoyo en el centro del recinto. Santiago, Juan y Pedro pintaron con cal las recámaras.

Tal como se ha dicho anteriormente, cuando Jesús instruía o ayudaba con la renovación, operaba en el cuerpo de Su Ser Crístico, todavía no en el Cuerpo de Maestro Ascendido de Su “Presencia YO SOY”.

Llegaron los regalos de muchos lugares. José de Arimatea envió algunas ovejas. Estas proveían la lana para los vestidos. La esposa de Pilatos, una bella persona, contribuyó con algunos chivos lecheros importados, enviando una carta en la que pedía permiso para visitar. Los amigos y la familia de Judas Iscariote ofrecieron cuarenta higueras y olivos, los cuales fueron aceptados con agradecimiento y plantados.

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En las noches, se reunía la pequeña comunidad, y maría les hablaba acerca del nacimiento de Jesús y de Su vida. Marco, marcos y Juan escribieron el relato utilizando sus propias palabras. A veces María hacía correcciones. Fue así como se escribieron los Evangelios.

Finalmente, el período de los cuarenta días llegó a su final. Esta vez, la partida fue mucho más fácil y feliz. Todos tenían ahora una mejor comprensión de la ley, y sabían en sus corazones que el Cristo estaría con ellos siempre, aún cuando la forma física de Jesús ya no estuviera más presente.

Jesús le prometió a Juan que él ascendería al concluir su encarnación. Se la había ganado mediante su amor y fidelidad a la causa, y producto de su servicio y cuidado de María. En una ocasión posterior, María le dijo a los estudiantes: «En cada ocasión que yo necesité ayuda, allí estaba Juan. En verdad, él era Amor».

Mientra que María estuvo en Betania, todos los días subía a pie la colina, tejiendo así un Patrón de Luz. Al tiempo que caminaba, oraba y enviaba Su Amor y Gratitud a Dios, haciendo invocaciones por la Victoria de Jesús. Este Sendero de Luz perforó el ámbito astral, conectándose con la conciencia de Vesta. Sería sobre este sendero por el caminaría más tarde Jesús en Su triunfo. La elevación de energía desde el corazón de María construyó el patrón de la Llama de la Ascensión que luego se utilizó para la Victoria de Jesús.

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La Dispensación que gobierna toda una raza humana al cambiar el ciclo de dos mil años, está compuesta de las energías combinadas y entretejidas de muchas corrientes de vida concentradas. Tal fue el caso al principio de la Dispensación Cristiana, y tal fue el caso cuando, durante los años 1930’s y 1950’s, los Maestros Ascendidos Saint Germain y El Morya atrajeron corrientes de vida a la cualificación constructiva de la energía en actividades grupales, a fin de anclar el ciclo de dos mil años de la Nueva Era, -la era de Acuario-.

La noche antes de la Ascensión, Jesús les habló a María y a Juan. Les explicó que quería subir solo a la colina de Betania muy temprano por la mañana. A María, a Juan y a los discípulos se le dijo que aguantaran a la gente hasta las 9 de la mañana aproximadamente. Entonces, todos podrían seguirlo.

Llegó la mañana, y Jesús subió solo a la colina. Sin embargo, Su presencia actuó como un imán. Su aura era como antes, cuando estaba en Su misión, tan magnética y poderosa, que hasta la gente que dormía se despertaba y lo seguía.

María les dio indicaciones a los discípulos que no dejaran subir a la multitud -tal como lo había solicitado Jesús-. A fin de mantener a la gente armonizada, María se puso a contarles detalles de la vida de Jesús.

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A las nueve de la mañana en punto, la multitud siguió a Jesús colina arriba. Sus vestiduras ya estaban brillantes, y la gente notó que Su esplendor se reflejaba en la atmósfera. Tan brillante era la Luz que brillaba a través de Su cuerpo, que María y los demás apenas podían verlo directamente. Él ya no habló más. María y los discípulos oraron por Él, manteniendo su concentración sobre la Llama de la Ascensión. Luego, desde la cima de la colina, desde la mismísima roca donde María se había pasado incontables horas en oración, Jesús ascendió al Cuerpo Electrónico de Su “Presencia YO SOY”. Esto fue atestiguado (visto) por quinientas personas.

En un Dictado a los estudiantes en los años 1950’s, Jesús dio la siguiente versión de Su Ascensión:

«Juan y la Madre María eligieron reservar ese sitio para Mí, y a sí, en esa mañana, pude subir calladamente y sin ostentación por el sendero de hierba hasta la cima de la Colina de Betania, y tener un poco de soledad, observando cómo salía el sol, disfrutando de las bellezas de la Tierra antes de que Mis amados discípulos y los que venían a cuestionarse y maravillarse, llegaran a la base de la colina.

Fue así como, en ese cuerpo resucitado y en presencia de casi quinientas personas -entre las cuales había muchos que no creían que fuera posible tal cosa-, pude acelerar la acción vibratoria de esa forma resucitada, y con la gran asistencia de la poderosa fuerza de oración que Mi Madre había establecido a lo largo de sus años de oración en la Colina de Betania, junto con la gran asistencia de Mi propia “Presencia YO SOY”, la Ascensión se manifestó públicamente».

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«Algunos de los allí presentes la vieron, otros no, ya que al hacerse más brillante la Luz, la actividad natural del ser humano era cubrirse los ojos para protegerse del resplandor. Algunos se atemorizaron y dieron la espalda para no angustiarse. Algunos se tiraron al suelo, pero los pocos que permanecieron en pie lo atestiguaron.

Ascendí a Mi Padre y al suyo, disfrutando de la compañía de Seres Divinos que han renunciado al Nirvana, continuando al máximo de Mis posibilidades con la ayuda a toda corriente de vida que, a su vez, dirija su atención hacia Mí».

En un Dictado en los años 1950’s, Jesús le dijo a los estudiantes que cuando Él subió a la colina de Betania, todavía podía elegir permanecer en la Tierra. Dijo igualmente que lo más difícil en toda Su vida, fue dejar a tras a María y a los demás.

Según el relato que dieron Jesús y maría, al ascender, llevaba puesta la túnica que le había tejido María. La túnica y el cuerpo del Ser Crístico se eterializaron cuando Jesús entró al Cuerpo Electrónico de Su “Presencia YO SOY”. Esto se hizo de acuerdo con la Ley Cósmica, que afirma que todo aquello que haya completado su utilidad, debe ser internado en la Llama para ser eterializado, regresando a la Sustancia original o Universal.

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Después de la crucifixión y la resurrección, el gobierno romano y el Sanedrín (los altos sacerdotes) quedaron contentos y satisfechos. Se sentían seguros de haber dado fin a esta amenaza a su autoridad. En cuanto a ellos concernía, ahora todo volvía a estar agradable y tranquilo.

Jesús les sugirió a sus amigos que lo mantuvieran de esa manera, y que no atrajeran demasiada atención a su pequeña comunidad en Betania. Pidió que alquilaran una sala en Jerusalén, donde pudieran reunirse los discípulos y María. Mateo era el custodio de los fondos, por lo que era responsabilidad suya conseguir una sala. El propósito de la reunión era el de restaurar la confianza y la fe de los discípulos, que estaban disminuyendo en alguna medida después de la Ascensión de Jesús.

Aquellos que sabían de la venida del Espíritu Santo, se prepararon para el primer Pentecostés. El significado de “Espíritu Santo” ha confundido a muchos. Puesto sencillamente, es la energía-dadora-de-vida (por ejemplo, prana) irradiada desde el Sol Central y dirigida hacia la Tierra. Dicha Energía es recibida aquí y vuelta a proyectar por el Maha Chohán (Señor de los Rayos). Por tanto, el Maha Chohán no sólo es el Espíritu Santo, según se le llama comúnmente, sino más bien, el que DIRIGE al Espíritu Santo. LA ACCIÓN TRIUNA DE “PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO” NO ES MÁS QUE DIOS, SU CREACIÓN (EL HIJO) Y LA ENERGÍA-DADORA-DE-VIDA IRRADIADA POR EL SOL CENTRAL (ESPÍRITU SANTO). ASÍ DE SENCILLA ES LA LEY DE LA VIDA.

El primer Pentecostés consistió en la descarga de una cantidad adicional de prana a la asamblea, que tuvo un profundo efecto sobre los discípulos. Cuando tuvo lugar la Radiación del Espíritu Santo, los discípulos se llenaron nuevamente de Fuego Vital. De hecho, quedaron tan llenos de energía que otra gente pensaba que estaban borrachos. Esto le dio un nuevo énfasis a sus vidas; fue un acto final en su preparación para hacerle frente al público y predicar el Evangelio.

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María fue aliviada en gran medida, porque durante esos diez días después de la Ascensión, muchos se habían apoyado en Ella en cuanto a fe y confianza, y estaba mentalmente exhausta. Ahora, después de Pentecostés, los discípulos se hicieron mucho más auto-suficientes.

Después de Pentecostés, la pequeña comunidad de Betania disfrutó por algún tiempo de una paz relativa. Los discípulos enseñaron la ley a quienes deseban saber. Las mujeres tejían vestidos, utilizando para ello la lana de las ovejas. Todos se reunían para plantar trigo, lino y árboles. Por las noches, se escribían los Evangelios. Pedro, Juan y Santiago escribieron Evangelios que permanecen ocultos hasta el día de hoy. También María escribió algunos tratados sobre sanación mística que nunca han sido divulgados. En cuanto a estos últimos, María dijo en los 1950’s que esperaba traerlos a la atención de los Estudiantes en una fecha posterior.

Un día, se recibió un mensaje de parte de José de Arimatea, quien tenía grandes intereses de negocios en las Islas Británicas. Él tenía que ir a dicho país, y les hacía una invitación a María y sus discípulos para que lo acompañaran.

Anteriormente, Jesús le había dicho a María que, antes de ascender, era necesario que llevara el “Cáliz” a las Islas Británicas. Se consideraba que la oportunidad se había presentado ahora para lograr ese propósito. Además, se supo que Pilatos había sido reemplazado por el gobierno romano, y que el nuevo gobernador sería menos condescendiente hacia los Cristianos de lo que había sido Pilatos. Por consiguiente, se consideraba sensato que María se alejara de Betania durante algún tiempo.

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José de Arimatea tenía muchos esclavos que podían tripular su barco. María le recordó que en una misión que involucra el transporte del “Cáliz Sagrado” a Gran Bretaña, no se podía utilizar mano de obra esclava. José estuvo de acuerdo, y los barcos fueron tripulados por voluntarios de la comunidad cristiana. Los navíos tenían velas y remos. Al ofrecerse como voluntarios y llevar a cabo su misión como remeros, estos hombres se ganaron el privilegio de ser los primeros caballeros de la Corte del Rey Arturo en una encarnación posterior.

Juan se quedó atrás. Ya sea él o María tenían que permanecer en todo momento para magnetizar y anclar las Corrientes Espirituales de la Dispensación Cristiana. Atrás quedaron también Andrés, Marcos y Marta. Entre los que habrían de hacer el viaje estaban Pedro, Santiago, Bartolomé, Nataniel, María de Betania y la esposa de Pilatos, quien iba de regreso a Roma.

Era un pequeño, si bien dedicado grupo de personas. Antes de partir por la mañana, todos se arrodillaron a orar. Juan dio la bendición, dejándose sentir la presencia de Jesús.

Una vez que el barco hubo anclado en Alejandría, María, Pedro, Santiago y algunos otros fueron a Luxor. Allí María le extendió Su gratitud al Jerarca, Serapis Bey, por la asistencia recibida para producir la victoria de Jesús.

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Desde Alejandría, el grupo decidió navegar hasta Creta. Allí, el grupo magnetizó las corrientes para la futura visita del Apóstol Pablo (ahora Maestro Ascendido Hilarión).

Luego, el barco se dirigió a Roma, para desembarcar a la esposa de Pilatos. Sin embargo, Jesús se les apareció y les advirtió que no fueran a Roma, por haber en dicha ciudad un sentimiento hostil contra los cristianos. De manera que el navío orientó la proa hacia el Estrecho de Gibraltar.

En la punta de la Península Ibérica, desembarcaron María y otros. Su viaje los llevaría a través de Portugal, España y Francia, y a través de las ciudades de Fátima, Lourdes y Orleans. Durante todo el viaje, María estaba en un estado de “constante gracia escuchante”. (Capacidad de escuchar al Poder de Dios rechazando a los poderes del mal).A veces escuchaba una delicada explosión de música cuando cruzaba el aura de algún individuo, e inmediatamente lo invitaba a unirse al grupo. En Portugal, atrajo a quienes luego serían los niños de Fátima; y en Francia, atrajo a un niño que luego sería Bernardette. Todos ellos se unieron a un cada-vez-más-grande grupo de viajeros.

Las corrientes ancladas en Fátima, Lourdes y Orleans serían vitalizadas varios cientos de años después. Durante ese tiempo posterior cuando María apareció en Su luminosa presencia en Fátima y Lourdes, se hicieron posibles muchas sanaciones, visitaciones y contactos con niños por los anclajes previos de las Corrientes Espirituales. Los niños que vieron a María aceptaron Su Presencia. María explicó que la conciencia limitada de los niños imposibilitaba que ella les explicara más de la Ley.

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Cruzar los Pirineos resultó difícil. Se hizo en parte a pie, y en parte a lomos de burro. Cuando el grupo llegó al norte de Francia, se reunieron con José de Arimatea, y juntos cruzaron el canal.

Al llegar a Gran Bretaña, María llevó el “Cáliz” a tierra. Sobrecogidos por un sentimiento de gratitud, todos se arrodillaron en la arena. Al estar allí de rodillas, se les apareció Jesús y dio la primera bendición y ceremonia del “Santo Grial”. El Rey Arturo de la Mesa Redonda se sintonizó más tarde con este registro etérico.

Dejaron el “Cáliz” en Glastonbury. María y su grupo permanecieron allí durante algún tiempo, haciendo ciertos registros para un futuro.

María y su grupo permanecieron en Inglaterra durante algún tiempo, disfrutando de se estadía allí. Más adelante, en ese país, Francis Bacon (ahora Maestro Ascendido Saint Germain) experimentó el deseo de establecer unos “Estados Unidos de Europa”, con la esperanza de tener éxito, y de extenderlo al resto del mundo.

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Salvo tres individuos que permanecieron en Inglaterra, María y su grupo viajaron al Norte -a Gales y Escocia-. Luego, navegaron a Irlanda, donde María se encontró con un niño quien en una encarnación posterior, como San Patricio, ayudó a establecer la Cristiandad en Irlanda. El chico se unió al grupo de María.

Después de su estancia en Irlanda, el grupo de María inició su regreso a casa. El mar embravecido en las costas de España vapuleaba el navío de un lado a otro. Tampoco era fácil viajar con los niños pequeños que había a bordo en el viaje de regreso. Había muy poco espacio en el navío. Sin embargo, considerando que a bordo había comparativamente gran cantidad de extraños, María y su grupo tuvieron un viaje armonioso de retorno a casa, navegando de nuevo por el Mediterráneo.

Al llegar a casa después del largo viaje, María se encontró con que la casa había funcionado sin problemas, gracias a los buenos oficios de Marta. Sin embargo, otros asuntos estaban muy desorganizados. Juan, a base de Su Amor, había mantenido el grupo unido y en armonía, pero asimismo él era un soñador y había permitido muchas libertades individuales. Las cosas estaban en tal desorden, que Pedro hizo la promesa de no irse nunca más de viaje a menos que Santiago se quedara a cargo en vez de Juan.

Según un Dictado que la Madre María le dio a los Estudiantes de “El Puente a la Libertad, Ella logró ascender de la manera siguiente: «Dentro de los nueve años anteriores al cierre de Mi encarnación, le dije a Pedro: “Si me construyen una casita y capilla apartada de la comunidad, al borde del riachuelo, podré enclaustrarme y prepararme para encontrarme con mi Hacedor ».

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«Así se hizo, y viví allí el resto de Mi vida. María de Betania y otros amados amigos me traían flores, velas, y fruta fresca. Me pasé esos años en contemplación de Mi Señor, en reminiscencia de los primeros días de Mi vida; Mi primera Navidad y todos los años con José; la separación mientras Jesús fue a la India al poco tiempo de desencarnar su padre; Su triunfal regreso; la Resurrección y Su propia Ascensión».

«Se me hizo físicamente muy difícil subir la colina de Betania, por lo que Juan mantuvo la vigilia por Mí. Comencé a estar cada vez más en el mundo del “más allá” que en de “más acá”. Finalmente, en Mayo, justo después de Pentecostés, le dije a Juan: “Convoca a casa a los discípulos y apóstoles, ya que antes de que concluya agosto su radiación, Yo Me habré unido a Mi Hijo.

«¿Saben? Tomaba mucho tiempo, a veces hasta meses, que llegar a quienes estaban en lugares lejanos como Grecia. Todos vinieron a casa, pero mientras tanto, pedí que se construyera una pequeña capilla en la cima de la colina de Betania, una capilla muy sencilla. El diez de agosto, subía esa colina, habiendo solicitado que me dejaran sola en esta ocasión. Puse los pies en las brillantes huellas que había dejado Mi Hijo al ascender desde dicha colina. Durante tres días y tres noches, permanecí allí en esa capilla, ayunando y orando. Para entonces todos los discípulos y apóstoles estaban ya encasa, y subieron a buscarme. Descendí con ellos a mi propia casa, y allí les hablé, especialmente a los discípulos originales. Les dije que partiría de este mundo, y que el quince de agosto completaría Mi Ascensión. Les pregunté acerca de cómo querían seguir el resto de su camino. Juan dijo: “Yo seguiré, Madre, tan pronto como escuche la Voz de Mi Presencia”».

«Pablo dijo: “Conociendo mi naturaleza, no voy a tomarme ningún chance. Si me he ganado la Liberación, entonces la tomaré”. Pedro, Santiago y Andrés dijeron: “Permaneceremos hasta que Él venga de nuevo”. Nos esforzaremos por hacer lo que tú has hecho a lo largo de estos treinta largos años, y lo haremos dentro de la Dispensación Cristiana».

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«Los bendije a todos, y entonces entraron los demás miembros de la comunidad. A ellos también los bendije. Fue entonces que cerré los ojos a este mundo, para abrirlos primeramente en la presencia de José, y luego de Jesús. Como ustedes saben, los discípulos colocaron Mi cuerpo en un sepulcro de piedra y lo sellaron durante tres días. Durante ese tiempo, estuve libre en las Octavas Superiores, preparando la Ascensión de Mi forma física. Luego regresé y elevé esa forma de carne. La llamé a Mí, la absorbí en Mi propio Santo Ser Crístico, y conscientemente entré al Corazón de Mi “Presencia”, tal como lo hiciera Mi Hijo antes que Yo. Dejé dentro de la tumba una rosa blanca para cada miembro de la comunidad».

«Cuando corrieron la puerta de Mi tumba, encontraron que el cuerpo había desaparecido, y la fragancia de las rosas llenaba el lugar. Fue así como establecieron el día santo que actualmente se denomina “La Asunción de la Bendita Virgen”».

«Después de eso, en Mi plena Liberación-en-Dios, disfruté renovando Mis asociaciones con todos los que Me habían asistido del otro lado -El Señor Maitreya, Gabriel y Rafael, Jesús y José, Ana y Joaquín, Isabel y Juan, Juan Bautista y todos los que habían partido antes».

«Vino entonces la coronación de Mi humilde ser por el servicio prestado. En una gran ceremonia mística similar a la Coronación de Saint Germain y Portia en mayo de este año (1954), el amado Maestro Jesús colocó sobre Mi cabeza la corona de la Reina del Cielo para la Dispensación Cristiana. Cósmicamente hablando, me convertí en la Madre del Mundo, posición en la que he permanecido hasta hace poco cuando le pasé a Portia, Diosa de la Oportunidad, ese gran cargo para la Nueva Era (Acuario).

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«De manera que esta mañana, amados de Mi Corazón desdoy la rosa blanca de la amistad en memoria de una Ascensión consciente. Recuerden que cuando llegue el día en que también ustedes pongan a un lado las vestiduras de carne y se yergan Libres-en-Dios, Yo también los recibiré – como su amiga y como su Madre-».

«Que las Bendiciones de nuestro Señor Jesús en los cielos estén siempre con ustedes».

Las palabras nunca bastarán para expresar nuestra gratitud a esos preciosísimos Seres, Jesús y María. Quizás la mejor manera de resumir Sus logros de vida durante su última encarnación, será citando las palabras del amado Señor Krishna: “¡El servicio es la ley de la Vida!” Antes proseguir con el desarrollo del la evolución del cristianismo propiciado en la Dispensación Cristiana con el sacrificio de Jesús, María y los demás colaboradores, es bueno saber que las fuerzas siniestras que tanto daño causaron a las humanidades o civilizaciones anteriores, lograron también introducir aquí sus garras mediante el emperador Justiniano y su esposa Teodora. Y aunque el Papa Virgilio de entonces se negó a firmar el edicto, esto fue aprovechado posteriormente por la Iglesia, sin corregirlo nunca más. Además en épocas posteriores, crearon la “excomunión” y la aún más criminal y diabólica “Inquisición” culpable de barbaridades inconcebibles. He aquí extractos sobre la prohibición que inició Justiniano:

«La reencarnación fue prohibida en el Cristianismo no por un Papa ni por los profetas y mucho menos por Jesús el Cristo. No. Fue prohibida por orden del emperador romano Justiniano en el infame Concilio de Constantinopla».

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«Los cristianos modernos que continúan negando la doctrina de la reencarnación así como la pre-existencia del espíritu, inadvertidamente están obedeciendo la orden de un emperador romano quien decidió esto por sus intereses políticos y particulares, usando incluso la fuerza encarcelando y torturando al Papa Virgilio quien se rehusaba a firmar su aceptación del edito de la prohibición».

«El emperador romano Justiniano y su esposa Teodora -no confundirla con la santa católica del mismo nombre- decidieron prohibir la creencia en la reencarnación y la pre-existencia del espíritu, con el fin de difamar y quitarle prestigio a Orígenes, Padre de la Iglesia cristiana original, porque los análisis de éste interferían con los planes de dominio total del Cristianismo que el emperador y su esposa anhelaban».

«Por ello maquinaron convocar los dos concilios de Constantinopla con el falso pretexto de revisar los llamados “Dos Capítulos” pero que en realidad, era un ardid elaborado para apoderarse del control de las iglesias cristianas disidentes en Asia, Grecia y Egipto».

«Tuvieron éxito y desde entonces la reencarnación y la pre-existencia del espíritu quedaron como anatema en la poderosa Iglesia Católica por orden de Justiniano, orden que hasta el día de hoy sigue siendo obedecida por la mayoría de cristianos. Fue definida como “Doctrina hereje e impía”» «Los sacerdotes, pastores y predicadores que continúan enseñando a sus rebaños como verdad absoluta las decisiones de un emperador humano y falible, contradiciendo a Jesús el Cristo, suelen citar un par de párrafos bíblicos totalmente fuera de contexto».

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Orígenes de Alejandría, uno de los aclamados Padres de la Iglesia y descrito por San Gregorio como “el Príncipe de la enseñanza Cristiana en el tercer siglo” escribió:

«”Cada alma viene a este mundo fortalecida por las victorias y debilitada por las derrotas (errores) de sus vidas anteriores”».

¿Por qué no se corrigió posteriormente esa imposición de Justiniano? Probablemente por conveniencia, porque anularía el miedo que dio la enseñanza posterior de la Iglesia, amenazando con un infierno eterno que nunca existió en el Plan Divino, para los seres humanos. He aquí algunas consideraciones al respeto:

1.-Si una persona cree en la reencarnación asume responsabilidad por su propia evolución a través de los renacimientos.

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2.-Él o ella no necesitan sacerdotes entonces, confesionarios o rituales para evitar “la maldición” (ideas que por cierto no son parte de las enseñanzas de Jesús).

3.-Esa persona solamente necesita ocuparse y responsabilizarse de sus propios actos hacia él mismo y hacia los demás, es decir. “hacia su prójimo”.

4.-Creer en la reencarnación elimina el miedo al “infierno eterno”, concepto absolutamente inexistente: (La Eternidad Pertenece solo a Dios, ¡El Bien Supremo!). También, creer en la reencarnación, elimina el aberrante concepto de un “Dios cruel, vengativo y homicida creado por la ignorancia humana”, conceptos que la Iglesia usa para disciplinar a su rebaño».

En otras palabras, la reencarnación, socava la autoridad y el poder dogmático de la Iglesia.

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Tomado del libro: El hombre origen, historia y destino.

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